ALBERGUERÍA DE ARGAÑAN CABEZA DEL AZABA
ALBERGUERÍA DE ARGAÑAN CABEZA DEL AZABA
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ALBUN DE FOTOS 2007 SANTA ANA
NUEVO HABITANTE EN ALBERGUERIA DE ARGAÑAN
PARA CONOCER LA UBICACIÓN DE LOS PUEBLOS EN CASTILLA Y LEON
LA UBICACIÓN, EL CENSO, LA SUPERFICIE ETC
Imagen
FIESTAS SANTA ANA 2008
GABRIEL CALVO Y RETAHILA
28 JULIO DÍA DE LOS NIÑOS ... CON JUEGOS Y..."espuma"
ESTADO PLUBIOMÉTRICO DE ALBERGUERÍA DE ARGAÑAN EN 2008 MES A MES.
Por el centro meteorológico local dirigido por DANI PÉREZ S. y A. Martín.
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AÑO 2008
AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE JUNIO DE 2008 8,00 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE MAYO DE 2008- 81,00 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE ABRIL DE 2008. 128,5 LITROS POR MERO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE MARZO DE 2008 -15,50 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE FEBRERO DE 2008 -27,00 LITROS POR METRO CUADRADO


AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE ENERO DE 2008 - 53,5 LITROS POR METRO CUADRADO
AÑO 2007
AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE DICIEMBRE DE 2007 11,50 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE NOVIEMBRE DE 2007 40,00 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE OCTUBRE DE 2007 43,00 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE SEPTIEMBRE DE 2007 107 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE AGOSTO DE 2007 32,9 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE JULIO DE 2007 00 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE JUNIO DE 2007 40 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA DE LLUVIA CAIDA EN EL MES DE MAYO DE 2007 92,5 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA CAIDA EN EL MES DE ABRIL DE 2007 69 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA CAIDA EN EL MES DE MARZO DE 2007 8,5 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA CAIDA EN EL MES DE FEBRERO DE 2007 56 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA CAIDA EN EL MES DE ENERO DE 2007 6,7 LITROS POR METRO CUADRADO
AÑO 2006
AGUA CAIDA EN MES DE DICIEMBRE 2006: 37,5 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA CAIDA EN EL MES DE NOVIEMBRE: 234 LITROS POR METRO CUADRADO

AGUA CAIDA EN EL MES DE OCTUBRE: 211 LITROS POR METRO CUADRADO
PREGON ALBERGUERIA 2006
PREGÓN POR ALBERTO LANCHAS GONZALEZ

Buenas tardes, Señor Alcalde, Señores Concejales, queridos familiares, vecinos y amigos todos.
Si pregonar es anunciar con énfasis algo importante para que todo el mundo lo conozca, lo que yo debería hacer, desde ya, es ponerme a proclamar a los cuatro vientos las excelencias de nuestro pueblo, de sus habitantes y de sus fiestas. Nada me resultaría más fácil, pues tengo sobrados motivos para conocerlas en profundidad. Pero no sería justo que hiciese tal, sin antes mostrar mi agradecimiento al Sr. Alcalde y al resto de la Corporación, por la deferencia que han tenido al brindarme la oportunidad de oficiar como Pregonero de las fiestas de Alberguería, en honor de su querida y excelsa Patrona Santa Ana. Representa un honor que llevaré con orgullo, aún desconociendo cuales han sido mis méritos para merecerlo, pero que siendo como soy, ALBERGALLO de corazón -que no de nacimiento-, hace que me sienta doblemente honrado por la distinción.
Es la primera vez que lanzo al aire un pregón, por lo que antes de acometer tan difícil compromiso, en el que mis predecesores demostraron tan buen hacer, ya os anticipo que os hablaré desde el sentimiento que guardo hacia el lugar que vio nacer a mis padres y en el que mis raíces profundizan no menos de cinco generaciones, y que no es otro, que un profundo amor y una inexorable querencia por este entrañable pueblo de Alberguería que, más aún que un pueblo, es para mi un sentimiento, un estado de ánimo.
No obstante, y como seguro a todo riesgo, hago mías las palabras de Antonio Banderas cuando, desde el balcón del Ayuntamiento de Málaga, pregonó: “que nadie espere alardes literarios, ni ripios floreados, ni retorcidas retóricas. Yo soy hijo del pueblo, y como tal me expresaré”.
Y partiendo de tal premisa, empezaré por decir que este pregón no puede ni debe quedarse en el simple anuncio oficial de lo que resulta evidente: el comienzo de las fiestas; sino en un canto a la historia de nuestro pueblo, a su pasado a través de las vivencias propias, a su futuro y, como no, a la grandeza y al mismo tiempo sencillez de sus gentes.
Así es, que para cumplir con lo dicho, introduzco en este punto el primero de tales cantos, que no es otro, que el de la historia de nuestro pueblo. Alberguería es un lugar con una historia tan grande como desconocida. Un lugar que tiene marcadas sus señas de identidad en los muros de su castillo que, aun malheridos por violentas guerras y maltratados, no tanto por los agentes atmosféricos como por la desconsiderada intervención del hombre, se resisten a desaparecer, como conscientes de su condición de ser mudos testigos de la historia y devenir, tanto del lugar como de las gentes que necesitadas de su amparo y protección, se aferraron a ellos creando el embrión de la Alberguería que hoy conocemos.
Y es, precisamente, por la tan estrecha relación entre la historia de Alberguería y la de su castillo que, me permitiré la licencia de evocar la primera apoyándome en hechos en los que, directa o indirectamente, es protagonista el segundo, pues tanto monta, monta tanto.
Así, la referencia documental más antigua que he podido localizar sobre Alberguería, está enmarcada en el siglo XIV. Se trata del interrogatorio realizado en el año 1376 por el juez Gonzalo Pérez de Zamora a campesinos de diversos pueblos de la tierra de Ciudad Rodrigo, acerca de la ocupación ilegal de términos comunales. Del mismo se deduce que la existencia del lugar de Alberguería data, cuando menos, del año 1366, fecha en que fue ilegalmente ocupado por Esteban Yañez Pacheco, caballero noble y principal del linaje de los Pacheco.
Pero es ya en el año 1474, cuando los esposos Alvar Pérez Osorio y María Pacheco se convierten en los primeros Señores de Alberguería, al serles concedida por Enrique IV la jurisdicción sobre el lugar, en agradecimiento a los servicios prestados por su montero mayor Esteban Pacheco, padre de María Pacheco, con el fin de que se pueble, ya que no disponían de tropa privada ni de nadie que defendiese su fortaleza.
Fijaos si sería grande la fama del talento, hermosura y riquezas de doña María Pacheco, que no dudó en pedir su mano un caballero como don Alvar Pérez Osorio, 1er. Marqués de Astorga, Señor de la Cepeda, Conde de Trastámara y Conde de Villalobos, el cual hubo de consentir en las capitulaciones matrimoniales que los hijos del matrimonio llevasen como primer apellido el de la madre.
Como anécdota, os cuento que fruto de las numerosas confrontaciones bélicas que padecen Ciudad Rodrigo y su tierra en los siglos XIII y XIV, resulta una clara política repobladora que da lugar a las llamadas "cartas de vecindad". En una de ellas, el rey Juan II ordena, que cualquier vecino de Portugal que viniese a morar a Ciudad Rodrigo y su tierra, quedaría exento de todo impuesto por 15 años. Y es aquí donde sale a relucir la chispa y agudeza de ingenio que atesoráis por estas tierras, consecuencia del cual, en 1447 fue necesario dictar una ordenanza en Ciudad Rodrigo, en los términos siguientes: "No se otorgarán cartas de vecindad a aquellos vecinos de la ciudad y su tierra que, por no pagar impuestos, se marchen a vivir al reino de Portugal, para después retornar al cabo de un tiempo y ganar la exención"-¡Vaya si eran listos!-.
Pero si la Guerra de Sucesión supuso cuatro años de continuas cabalgadas de los portugueses por las tierras de Ciudad Rodrigo arrasando y robando haciendas, no menos fatigas, sufrimientos y calamidades trajeron los veintiocho años de duración de la Guerra de la Restauración con Portugal. Valga como muestra que en el año 1643 Álvaro de Abrantes, gobernador de la Beira, atacó esta plaza apoderándose de ella y entregándola a las llamas, aunque sin poder rendir su castillo, por lo que se retiró a Alfayates, no sin antes talar y arrasar la campiña y llevarse los ganados.
Tan sólo unos años después, el 12 de marzo de 1660, invaden los portugueses el campo de Argañán con seis mil infantes y ochocientos hombres a caballo. Esta vez sí cae el castillo de Alberguería, que permanece en manos portuguesas hasta el mes de julio de 1661, en que lo recupera el duque de Osuna, recibiendo del rey orden de restaurarlo inmediatamente.
Perdido de nuevo, por segunda vez, los ejércitos de la Monarquía lo recuperan en el año 1664.
Todos estos hechos nos hablan de la gran importancia estratégica que tuvo Alberguería debido a su situación sobre la misma frontera y al hecho de contar con castillo fortaleza para ejercer el control de la misma, y de cuyo declive tenemos noticia a través del Catastro del Marqués de la Ensenada (Alberguería 1752), en el que se le define en estado de ruina y bajo propiedad de Don Vicente Moctezuma, Conde de Alba de Yeltes, Marqués de Cerralbo, Almarza y Flores Dávila.
En abril de 1949 fue declarado Bien de Interés Cultural.
Pero, como ya anticipé, es el momento de hacer el canto al pasado de nuestro pueblo a través de las propias vivencias. Y así empezaré por deciros que uno de los más intensos recuerdos que almaceno en mi memoria lejana, se refiere precisamente a uno de los primeros veranos que pasé aquí, contando a penas tres años.
Todos los años en cuanto nos daban las vacaciones nos veníamos a Alberguería. El verano significaba la ilusión y alegría de poder estar de nuevo con mis abuelos, tíos y primos, y con un buen montón de amigos con los que compartir un inagotable número de nuevas, divertidas y más que arriesgadas experiencias. Venir al pueblo significaba eso que tanto buscamos de mayores: libertad.
Aquí sentí la intensidad de la infancia, de la adolescencia, y de una buena parte de mi juventud, bajo el calor de los seres queridos y al amparo de los lazos familiares. Con cierta añoranza os digo que la Alberguería de aquel entonces era plenamente rural y se asomaba a un campo cuya variedad de olores, sonidos y sensaciones han quedado tan profundamente grabados en mi memoria, que su simple evocación me retrotrae inmediatamente a las vivencias de aquellos felices años. Frente a la enorme ciudad de donde venía, el Pueblo y sus gentes eran algo próximo, inmediato, que casi se podía sentir como un ser vivo.
Alberguería me ofrecía en aquel entonces,..prados, canchales, huertas y pinares, más una hermosa dehesa para correr y disfrutar;…nidos con huevos cuya ubicación celosamente ocultaba;… lagartos, bastardos, ranas y renacuajos;…mi primera jaula con pajarillo que alimentar y cuidar, cual “TAMAGOCHI”;…jugar a la chirumba, a “la olla”, a “zorro, pico, zaina”, a vistas, a guardias y contrabandistas, a los coches con carrocería de lata de sardinas y ruedas de carrete, a moler tierra en las paredes de la calleja de mi abuelo, a pastorear “bugallas” entre “engarillas” de paja y, como no recordarlo, a los arcos que, con tanto esmero nos enseñó a hacer Rogelio.
Alberguería me invitaba entonces,…a ir a Escuela con una lata llena de ascuas a modo de estufa;…a disfrutar del queso y de la leche de la Ayuda Americana;…a montar en el carro;…a trillar;…a ver mallar;…a hacer de tapón entre las piernas de los mayores para recoger la parva;…a ver la trilladora de Nino;…a recoger los cuernos del centeno;…a enrasar la media;…a atar los sacos de trigo;…a estorbar en la escalera del “sobrao” cuando subían los sacos, y a escaquearme para evitar los picores de la paja durante el acarreo;…a ver esquilar y poner “moreno” en los cortes;…a vendimiar y ver prensar;…a montar en la yegua de mi tío Hipólito, gracias a mi tía Tomasa;…a llevar las vacas en la burra, mejor que andando;…a vigilar a la burra durante las 2000 vueltas que, por lo menos, duraba el riego de la huerta, si no más, cuando coincidía que la pandilla te estaba esperando; y… a qué seguir: Un sin fin de cosas más que colmaron mi infancia y adolescencia de felices e inolvidables momentos.
Con el paso del tiempo fueron ya otros los gozos y las sombras de mis estancias en Alberguería. Sabéis que el tiempo filtra y dulcifica los recuerdos para que la vida y las cosas de nuestro pasado, vistas a través de la nostalgia, nos parezcan mejor de lo que en realidad fueron. De ahí aquello de que “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Quizá por eso me parece imposible, improcedente e incluso imprudente describir aquí tantos y tan buenos recuerdos como acuden a mi mente. Me lo vais a perdonar.
Pero Alberguería no es sólo pasado, sino también presente y futuro. Es patente hoy que el envejecimiento y la despoblación, las limitaciones administrativas, económicas y culturales, han venido estrangulado los procesos de desarrollo y están aupando a estas áreas de economía débil a enmarcarse entre las comarcas rurales que, eufemísticamente llaman “deprimidas”. Pero creo que debemos y podemos ser optimistas. La Comarca dispone de un amplio abanico de soportes y oportunidades: diversas y contrastadas unidades paisajísticas, producción de electricidad, alimentos de calidad, rico patrimonio natural e histórico-artístico, identidad cultural, etc. Pero, además, y como complemento a la posible solución que supondría la aplicación por parte de nuestros regidores de una acertada política de desarrollo rural sostenible, enfocada a la diversificación de las actividades económicas y sociales, en Alberguería tenemos mucho oxígeno, naturaleza, sol, paz y tranquilidad para ofrecer a esa civilización venidera, que necesariamente habrá de administrar su tiempo libre. ¡Seamos optimistas!, aunque con el mazo dando.
Pero, ¿que sería de un pregón si de las fiestas no hablase?. Pues eso, qué no sería tal. Hablemos pues de las fiestas. De ese retorno a nuestras raíces. De esa manifestación de nuestras señas de identidad que, es aquí, en pueblos pequeños como el nuestro, donde se pone de manifiesto el legado cultural y patrimonial que subyace bajo un modesto programa de fiestas.
De las nuestras decía Casiano Sánchez Aires, hace ya más de un siglo, en su libro “GEOGRAFÍA, HISTORICA Y ESTADÍSTICA DEL PARTIDO JUDICIAL DE CIUDAD RODRIGO”: “fiestas clásicas, la de Santiago y Sta. Ana, ésta con ofertorio y aquella con bailables y una touradinha. No suelen faltar puestos de golosinas, para tormento de chiquillos embelesados. Acude numeroso gentío, no sólo de España sino del Extranjero (Aldea de Ponte, Forcalhos, Aldea do Bispo, é de outros muitos populos portuenses).El día de Santa Ana llenan de roscas los brazos de las andas colocadas en el Presbiterio; hecha la festividad religiosa matutina con disparo de cohetes, procesión y demás, celebrase por la tarde el Ofertorio, sacando la Santa á la puerta de la Iglesia, y una vez terminado, procede el mayordomo en presencia del Cura á la pública licitación”
Creo que no puede quedar más claro el legado, el mantenimiento de la tradición. Nadie diría que no se trata de la descripción de la fiesta del año pasado . Por eso, y aunque el mundo de hoy esté marcado por lo que se conoce como el proceso de la globalización, por el que los modelos económicos, sociales y culturales de carácter mundial se imponen sobre los de carácter nacional o regional, debemos luchar para que dicho proceso no incida negativamente en la supervivencia y valoración de nuestras mejores tradiciones.
Las fiestas son un acontecimiento ritual, colectivo y cada vez menos espontáneo, desafortunadamente, del que el hombre ha tenido necesidad desde el principio de los tiempos. Las fiestas que tanta ilusión han hecho siempre a los jóvenes y a los no tan jóvenes, nos invitan a romper esa rutina que siempre amenaza con extender una capa de moho sobre la vida. Nos invitan a romper la monotonía. Nos colocan en una situación de confraternización, de relaciones sociales igualitarias, espontáneas y cercanas. Nos colocan, en definitiva, en una nueva y diferente realidad social.
¡Queridos familiares, amigos, vecinos y visitantes! ¡La fiesta empieza ya! ¡Olvidemos lo cotidiano y, diferencias al margen, unámonos todos para cantar, bailar y reír, dentro del mayor respeto y cordialidad. Esa es la diversión que debería manar abundantemente en estas Fiestas de Santa Ana
Pero antes, y ya para finalizar, quisiera haceros partícipes de la gran satisfacción que me ha producido haberme podido encontrar esta noche, frente a frente, con este Pueblo de Alberguería. Con la Alberguería de los míos, de los que son y de los que, aunque se fueron, permanecen vivos en mi memoria. Mi mejor recuerdo para todos ellos, pero… especialmente para mi madre. La Alberguería de mis amigos, de los que están y de los que se fueron….mi recuerdo para vosotros. La Alberguería de las mujeres y de los hombres que la habitaron y habitan, la más profunda esencia de "lo humano"….mi evocación y homenaje para todos vosotros. ¡Este es mi pueblo!
Gracias por vuestra presencia y por la atención que me habéis prestado.
Y ahora, gritad conmigo:
¡Viva Santa Ana!
¡Viva Alberguería!
¡Vivan los Mayordomos, madrinas y padrinos!
¡Vivan sus fiestas!


La Alberguería de Argañán, 25 de julio de 2006.
PREGÓN ALBERGUERÍA 2005
PREGÓN SANTA ANA 2005
. POR CARMEN PETRA SACRISTAN MARTÍN
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Distinguidas autoridades, vecinos de Alberguería, amigos todos: muy
buenas tardes.

Me cabe el inmenso honor de dirigiros la palabra en el comienzo de
vuestras fiestas. Y hace tiempo que me pregunto qué os iba a contar.
¿Hablaros de la Historia de vuestro pueblo? No tengo autoridad para
deciros nada al respecto que no sepáis o que no os lo hayan contado
personas de mayor enjundia que yo. ¿Contextualizar su vida social,
política, económica? No quería que me arrojarais tomates al final de
mi discurso.

Así es que he optado por la calle de en medio. Hablaré, lo más
ordenadamente posible, de las vivencias que tuve entre vosotros, que
son vuestras propias vivencias, porque compartimos unos años
inolvidables, de una época muy bonita: mi infancia.

En 1936, año de infausto recuerdo, desde un lugar lejano, lejano,
desembarco en este bendito pueblo que me adoptó sin reservas, sin
condiciones. Fue entonces cuando descubrí que en Alberguería de
Argañán había sólo dos tipos de personas: las buenas y … las
mejores.
La vida me llevó por otros lugares, pero durante los siete años que
pasé entre vosotros aprendí, disfruté y crecí por dentro y por
fuera.

Me cautivaban las historias escondidas en este castillo. El ulular
del viento susurraba en mis oídos melodías únicas e irrepetibles que
no olvidé nunca.

El fulgor de esa campiña ha acompañado siempre mi retina, cansada ya
de ver tantas cosas, y su recuerdo ha solazado mi espíritu cada vez
que volvía aquí con la mente.

Mucho tengo que agradecer a este lugar, aunque una tierra no es gran
cosa sin las personas que la habitan. A modo de órgano vital, son
las gentes las que le insuflan el pálpito de vida. Son sus vivencias
sencillas, cotidianas, las que conforman la Historia de un Pueblo.

Hablaré de mis recuerdos entre los años 36 y 43 del pasado siglo; de
las gentes y lugares de Alberguería. De muchos aspectos, tan solo me
queda un destello, aunque muy breve, muy intenso, porque eran muchas
cosas, y yo, muy pequeña.

El Calvario, en primavera. Mi madre y yo, por las tardes, hacíamos
labores a la solana, resguardadas del viento por las peñas. A veces,
no muchas, porque no tenía tanto vagar, nos acompañaba la Tía Juana
Fariña, ¡qué mujer!, fue un ángel bueno y protector de mi madre y
mío.

La Dehesa, por cuyas laderas corrí y corrí, saciando después mi sed
en el regato que por allí discurría con un agua clara, limpia,
cristalina. Arriba de La Dehesa estaba lo que llamaban “El muro”;
era como una pequeña central eléctrica desde la que nos mandaban la
luz al pueblo. Se encargaba de ello el señor José, “El maquinista”.
Así le llamaban. Vivía en la plaza, esquina al camino de Aldeia da
Ponte, al lado de Tía Maricruz, “La aguardientera”.

El señor José estaba casado con la señora María. Tenían varias
hijas. Con una de ellas, Carolina, aún vive con noventa y tantos
años, vine a emparentar muchos años después de dejar el pueblo.

El Charaíz. Un pilón, un caño y vegetación. ¡Qué bien se estaba
allí! El bienestar me rebosaba por cada poro de la piel. Cantaba a
pleno pulmón mientras mi madre lavaba.

También en La Fresneda se estaba de maravilla, aunque aquí no
cantaba. En la temporada, tenía la boca llena de moras.

En la Navelantera, mi madre alquiló un terreno que convirtió en
huerto. Tenía un canchal con matorrales, peñas y un roble, donde
hacían su nido los pájaros.

El Barroco Ladrón, con sus grandes peñas y su regato abundante de
maruja, cuando aún se podía coger.

Los Pinos, que fueron mi segunda escuela. Allí me enviaba la Tía
Juana Fariña a llevarle la comida a Chago, su hijo, que pasaba todo
el día allí cuidando de las cabras y había sido capaz de desarrollar
una curiosidad innata que podía satisfacer aprendiendo de forma
natural, merced al tedioso oficio que desempeñaba. Fue capaz también
de transmitirme aquella sabiduría y le recuerdo con admiración por
todas las cosas que tuvo la generosidad de enseñarme.

El Madroñal, la caseta de los Carabineros, la Atalaya, …

La calle Grande, el álamo de la plaza, que estaba en todo su
esplendor y servía de burladero cuando había toros en las fiestas,
acogía el ofertorio de los Padrinos y Madrinas, en la calle, junto a
la puerta de la iglesia. En el álamo terminaba la procesión de Santa
Ana.

La calle Maravedí, que salía, no sé si sale aún, de detrás de la
iglesia y terminaba en el caño de los Barreros; un caño que junto
con el de la plaza nos abastecía de agua todo el año, pero que en
verano brotaban tan despacio que dejábamos el cacharro puesto y nos
íbamos a otra cosa, ¿para qué tendríamos tanta prisa?, hasta que
volvíamos a buscarlo lleno. Momento en que comenzaba un paseo muy
particular, porque lo acarreábamos a la cabeza, que llevábamos tiesa
como una vela, descansando el cántaro en una tela enrollada que
hacía un círculo, proporcionándonos un andar peculiar, que muchas
modelos de pasarela quisieran. Es éste un aspecto que caracterizaba
a las mozas del pueblo añadiendo a su donaire un aspecto de bien
“plantás”.

La iglesia estaba muy concurrida, había misa diaria a la que
asistían casi todos, supongo que como ahora. Conocí a dos curas,
primero estaba Don Lorenzo y después Don Silvestre. Se accedía a la
iglesia por la puerta de la plaza, según se entraba había un Cristo
enfrente; y, a la izquierda se llegaba al altar Mayor por el pasillo
de en medio.

Existía la costumbre de separarse por sexos. En los bancos de la
izquierda, según se entra, se ponían los hombres; y, a la derecha,
las mujeres. Los niños y niñas seguían el mismo orden, pero más
cerca del altar. A la izquierda, cerca del púlpito había un San
Antonio precioso, al que yo quería mucho por los relatos que me
contaba mi madre Sobre el Pan de San Antonio.

Me gustaba la iglesia, como lugar de recogimiento, era muy
acogedora, también sobrecogedora, las imágenes de santos que la
iconografía popular nos ha transmitido, han hecho mella en nuestra
mentalidad. O acaso se deba, por el contrario, a los libros que me
dejaba Don Silvestre, todos, vidas de santos. Me interesa aclarar
que Don Silvestre no era el librero del pueblo. No había librería,
de ahí que, todos los libros que cayeron en mi mano, los devoraba,
sin poner reparos a su contenido. Creo que le debo a este cura tanto
como a mis maestros que me enseñaron las primeras letras, el
universo lector que me proporcionó y me convirtió en lectora voraz
con el paso de los años.

Había que aprovechar, dicen que la ocasión la pintan calva, el menor
resquicio de posibilidad que surgía en el pueblo. Así, a las
excursiones al aire libre, la visita de monumentos y el uso de la
biblioteca, en los términos que quedan referidos, añadí, con más
soltura que desfachatez, a mi peculio particular, el primer
intercambio cultural gastronómico del que haya constancia en la
comarca. Fue como sigue: cercana a mi casa, se encontraba la de la
Tía Manuela, que en los tiempos de trabajo duro en la agricultura,
acogía, por las noches, todo un ritual, para alimentar a las muchas
personas que laboraban sus campos. Rayando la puesta del sol de
verano, o sea, muy tarde, se escapaba un olorcillo a comida que
resucitara a un muerto. Cuando los hombres comenzaban a llegar, todo
era algarabía; después se escuchaba un toc, toc, toc, rápido y muy,
muy continuo. Tras este sonido se hacía un gran silencio, a la par
que el olorcillo se desvanecía. Yo me hacía de cruces pensando qué
sería el toc, toc, toc, y levitaba siguiendo los efluvios de aquel
olor. Traía a mi madre por la calle de la amargura para que
reprodujera en casa el ritual, pero no había modo. Hasta que un día,
mi madre le preguntó a la Tía Manuela el modus operandi. Ella, todo
corazón, reconoció humildemente “sólo son patatas con torreznos. Que
venga una noche a cenar y que mi hija vaya a su casa”. Dicho y
hecho. La siguiente noche, desde bien temprano, me fui a casa de la
Tía Manuela. En una panzuda olla, al fuego de la chimenea, cocían
patatas con agua, sal y laurel. En una sartén con patas se freían
torreznos de los de verdad. Se retiraba algo de la grasa que
soltaban y se echaba a la olla de las patatas, tras lo cual, se
volcaban en una fuente. Cada comensal, en la propia fuente,
machacaba las patatas a su gusto; por eso sonaba toc, toc, toc. Un
pan cortado en rebanadas grandes acogía generosamente los torreznos,
que se sujetaban en la mano que no sostenía la cuchara de palo. Y se
procedía de la siguiente manera: “bocao de patatas, bocao de
torreznos”.
No sé qué cenó en mi casa la hija de mi vecina, pero creo,
sinceramente, que salí ganando. Hoy deambula una receta llamada
“Patatas machaconas”; creo que en realidad, debían llamarse “Patatas
de la Tía Manuela”.

Otro de los entretenimientos venía de lejos, cargado en carromatos
tirados por burros. Encima de la escuela, que estaba al lado del
Ayuntamiento, había un local que se usaba a modo de teatro. Allí
veíamos las representaciones que traían los cómicos de la legua.
Era, quizá, la única diversión que teníamos en la época. Acudía todo
el pueblo. Supongo que aprovechando el tirón de las funciones, el
maestro realizó un montaje dramático con los chicos y chicas de la
escuela. La temática era una exaltación exacerbada del patriotismo.
Os ahorraré las palabras de mi intervención en la obra, pero la
recuerdo letra por letra.

Aquel maestro era Don José Cacho, de constitución menuda, lo que le
valía el apelativo cariñoso de Don José Cacho, “El cacho maestro”.

También había una maestra, Doña Victoria Espáriz Villaverde, que con
los pocos medios de que disponía supo inculcarnos el afán por
aprender.


En esa escuela
“Comencé a subir por la escala del deber.
Aquí comencé a escribir
Y aquí me solté a leer”

Fueron mis compañeras en la escuela: Herminia Corbí, Dolores Blanco,
Lorenza Martín; Manuela, Emilia, Engracia y Brígida Manzano (hijas
de Manuel y Engracia, dueños del comercio que había en la plaza);
Primi (la hija de tío Quico Federico).

Las personas que recuerdo en el pueblo eran: Don Jorge –el
boticario– y Doña Antonia y sus hijos Pepe, Julio y Maruja; Don
Antonio Magdalena y Doña Amparo, así como a su hija Amparito; Doña
Angelita y su hija Rosarito; Don Amando Acebes – el secretario –,
padre de Conchita y Miguel.

Dolores era hija del sacristán, llamado “negrito” por el color de su
piel, aunque su apellido era Blanco.

La casa que habité pertenecía al tío José María Martín, el padre de
Carolina, Carmen, Paco, Tomás, José y Lorenza. Estaba situada
enfrente de la del señor Nicomedes, el zapatero.

Tenía un corral muy grande donde esquilaban las ovejas.

Carmen Ríos, que me regaló una estampa para mi Primera Comunión. Le
escribió por detrás esta dedicatoria: cito “Te ofrezco esta estampa;
como recuerdo del día más dichoso y feliz de tu vida. Pídele mucho a
Jesús Sacramentado te haga una niña buena y Santa. Tu amiga que así
lo desea. Carmen”. Fin de la cita.

De Doña Victoria, la maestra, también conservo una postal que me
regaló por el mismo motivo. Ésta dice: cito “Recuerdo del día más
feliz de mi vida en que por vez primera entró Jesús en mi pecho
aceptando la angelical ofrenda de mi corazón. Para Petra Sacristán
de su profesora Victoria Espáriz. Alberguería. 9 de mayo de 1937”
Fin de la cita.

Me interesa poner en relieve estas sencillas, aunque entrañables
dedicatorias, para que entre todos seamos capaces de valorar más
juiciosamente los deseos que brotan sinceros de lo más íntimo de un
corazón para llegar al fondo de otro y permanecer allí de por vida.

Algo parecido me ocurre con el matrimonio del señor Andrés Duque y
la señora Bárbara, de los que fuimos vecinos. Siempre he guardado la
convicción de que el aprecio y admiración que me suscitaban, se
fundamentaba en el mero hecho de la cercanía, apoyado quizá en la
devoción que demostraba en su trabajo de herrero, en la infinita
paciencia y dedicación que aplicaba a su quehacer diario, modelando
una y otra vez el hierro candente hasta conseguir la forma perfecta.
Yo permanecía horas enteras, subyugada por el embrujo de la fragua
chispeante, sin poder apartar los ojos del fuego. También se
encargaba de herrar a las caballerías, en un potro que tenía al
efecto, donde les ponía sus “zapatos nuevos”, por usar la expresión
que él empleaba. Sospecho que también dominaba las artes curativas
de los animales, pues le venían a buscar para asistir al perdedor de
alguna disputa entre astados.

Era éste un matrimonio mayor, que irradiaba una tranquilidad sólo
proporcionada por la acumulación de experiencias apacibles. Tenían
un hijo, Ambrosio, que vivía muy cerca de la plaza, con su mujer,
Catalina.

Alguna amargura también se ha de recordar. Vivimos aquí la Guerra
Civil, menos tres meses que acuartelaron a mi padre en Salamanca.
Aunque alejada en la distancia, la guerra estaba cercana en la vida
cotidiana. Ayudaba a este menester el transistor de Doña Angelita, a
cuya ventana, enfrente del Ayuntamiento, acudían los vecinos, cada
tarde, a escuchar el “parte”. Se trataba del parte de guerra, en el
que se detallaba pormenorizadamente, los caídos (muertos) o heridos.
No quedó en mi mente ningún recuerdo doloroso, por lo que me inclino
a pensar que esa parte de la Historia fue benigna con los
albergallos.

A todas las niñas nos hicieron “flechas”, así llamadas en alusión al
emblema de la Falange Española. A mí me encantaba la especie de
uniforme que nos pusieron, camisa azul; pero debía sentarme de
maravilla la exaltación patriótica, pues a fuerza de arengas y
sermones, que si España te necesita por aquí, que si España está
pobre, por allá, que si colabora, que si patatín, que si patatán, ni
corta ni perezosa, me presenté a Conchita Acebes, encargada de
recoger el oro para España y le espeté a bote pronto: “Quítame los
pendientes”; y me los quitó. Llegué tan contenta a casa, tan
española, tan satisfecha de mi acción, tan Quijote, “que el gozo me
reventaba por las cinchas de mi caballo”, si lo hubiera tenido. Y
quizás lo hubiera necesitado, no voy a relatar aquí lo “satisfecha y
orgullosa” que se sintió mi madre cuando supo que me había
desprendido del regalo que mi madrina me hizo para la pila del
bautismo. Pero salvamos España, que era de lo que se trataba.

Coincidió esto con el racionamiento y su compañero inseparable, el
estraperlo. De lo primero, recuerdo un bollito diario de 50 gramos
de pan, que nos lo servía Carmen la de la callejita. De lo segundo,
íbamos a Portugal a por “triguiño”, así llaman los portugueses al
pan; y, ya de puestos y por amortizar el viaje, traíamos de paso
azúcar, café, bacalao, lo que podíamos, que no sería mucho, por la
carestía.

Seguro que podía contar más cosas del estraperlo, pero estaría mal
visto en la hija de un carabinero.

Tras aquella infancia feliz, creo que un hecho me estaba diciendo:
Petra, ya estás lista para enfrentarte a la vida. Sentí un
espaldarazo, cual Lázaro su calabazada propinada por el ciego en el
toro de la puente de Salamanca, Chago, que tan buena disposición
mostró siempre conmigo, fue el que me hizo comprender que me estaba
haciendo mayor. Una tarde, ordeñando las cabras, me pidió que me
acercara. Presta, como siempre, a sus indicaciones, acudí porque me
encantaba hacer como que ordeñaba; y él, cogiendo de la ubre que
tenía entre los dedos, me chorreó en la cara toda la leche que
contenía, y, sonriendo me dijo: ahora, ya sabes ordeñar.

Se van agotando los recuerdos, pero no quisiera dejar sin mencionar,
la absoluta hospitalidad que me brindasteis a mí y a mi familia. La
integración fue total y se materializó en múltiples aspectos. Entre
ellos, recuerdo que hasta me hicieron madrina de bautismo de Tita.

No me resta, queridos amigos, sino agradeceros una vez más vuestra
gentileza por escuchar mis humildes palabras.

Me vais a permitir, no obstante, que personalice un agradecimiento
muy especial a Santiago Martín, así como a su esposa María, tanto
por la labor que están realizando de dar a conocer el pueblo,
aprovechando la era de la Globalización, como por su esfuerzo
denodado de mantener vivo lo vuestro. Sirva esta tribuna para
proponerles como cronistas del pueblo.

Termino con un poema mío, no será el más bonito que haya recibido
Alberguería, pero sí puedo garantizar que será uno de los más
sinceros.

Dice así:


Alberguería de mis amores,
Pueblo querido y no olvidado.
¡Ay!, cuando a los quince abriles
sucedan los cincuenta años
y el mundo con sus engaños
haya dejado cruelmente
llena de arrugas mi frente
y el alma de desengaños.
Con qué inefable ternura
recordaré la ventura
y el buen tiempo transcurrido
a la sombra protectora
de mi pueblo tan querido.
Alberguería de mis amores,
que te yergues entre flores
De un edén primaveral:
te quiero como se quiere
la vista del ideal
y que Dios, por especial gracia,
dejó en ti escondido
como un rincón del perdido
Paraíso Terrenal.
Yo amoldaré mi existencia
a la virtud y a la ciencia
en tus campos aprendida.
Será mi faro en la vida
tu recuerdo, Alberguería,
y si vuelvo algún día
¡será inmensa mi alegría!

¡Viva Santa Ana! ¡Vivan los mayordomos! ¡Viva Alberguería!



Alberguería de Argañan, 25 de julio de 2005
PREGÓN ALBERGUERÍA 2004

PREGONERO 2004
ROGELIO GARCÍA SÁNCHEZ

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE MI PUEBLO.
LA ALBERGUERÍA DE ARGAÑÁN 2004



Vamos a ver como cuento,
Lo que os quiero contar,
Y situar en el recuerdo,
Este grandioso lugar.
Que no es otro que mi pueblo
Que me vio un día despertar.

La autoridad me ha llamado
A ser el pregonero
Como el ingenio no es mucho
Me arriesgo con el verso

¿Qué mérito me acompaña
para subir a este balcón?
Uno solo y no engaña
Ser un hijo que aquí nació.

Vaya mi parlamento al tiempo pasado.
Quiero traeros el sentido recuerdo
De algo que existió y nos ha dejado.
Sin pedir el mínimo sueldo.

Casi sesenta años se han ido
Desde que por los cuarenta
Muchos hemos nacido
Como niños de la pos guerra

Para que traiga aquellas cosas
Que nos vieron andar,
Existe algo que nos une,
No es la política, objeto
Sino la grande Santana, su hija y su nieto

La vida nos ha ido alejando
De aquellos años pasados.
Muchas cosas se han muerto
Sin haberlas olvidado.

Mi recuerdo no es nostalgia vana.
Sino acercar al presente,
En lo más profundo del alma.
Cosas que vivimos ciertamente.



Vaya el recuerdo primero
De forma muy sentida
Por aquel árbol altanero
Que fue presencia en nuestra vida.

Ya sabéis de que os hablo.
Y lo hago con profundo afecto.
Al álamo recuerdo
Y no lo invoco seco.

Era la historia viva del pueblo.
Era el recuerdo lejano.
Cuando necesidades de sustento.
Nos hicieron salir antaño.

¿Dónde está nuestro álamo?
¿Dónde su frondosa copa?
¿Dónde sus piedras al descanso reclamo?
¿Cuántas historias el tiempo arropa?

¿Cuántos sones en la fiesta
Vio danzar en derredor?
¡Maldita grafiosis infesta
que del norte vino y se lo llevó!

¡Qué armonía formaba en la plaza
con el arco, la puerta y su portón
¡Qué defensa era de la vaca
Cuando al trasero acercaba el pitón!

Poco a poco se fue abriendo
¿No recordáis sus desmoches?
Sus lianas largas colgando
Para disfrute de peques por las noches

Presidía el ofertorio de la Santa,
La subasta del roscón,
la hoguera de San Juan alta,
O el óvolo al último lobo muerto.
Nos defendía de las vacas,
Que pasaban por el centro.

Era nuestro
Este encinacho da ahora
¿Cuándo será tan apuesto?
¿Cuándo recordara su sombra?

Sigamos con los recuerdos:
Vayamos a los largos inviernos
¿Quién no vio aquellos chupiteles tiesos?
Que sus gotas alimentaban charcos de hielo

Chapoteados por la tarde
Por animales recios
Que llegaban de la dehesa
Buscando el heno seco.

Con qué orden era preciso atar
en las pesebreras largas
para mantener la paz
en las viejas cuadras.

¿No os recordáis paisanos
cómo alguno de vosotros
Aún sin ser ni mozos
Con azada y negras gorras
Ibais tras la arada
a tapar las chorras?

¿Habéis calculado al azar,
en un momento perdido,
que fruto se podía sacar
con tanto esfuerzo vivido?.

De las fiestas de invernales
¿No recordáis las de enero?
Pidiendo por los portales,
Iba el pregonero.

Llegaba la subasta con tono
Quien da más
Gritaba el mayordomo
Por los guevos de San Sebastián.

Entrada la primavera
Todos buscábamos el agua
Que orientada a la pradera
Hiciera la hierba alta.


¿Quien no llevaba sal,
Por el camino de Aldea,
Buscando en algún lugar
Unas verdes acederas?

¿Queréis que os refresque un poco
algo que todos sabían?
Tomando unos años a lo loco
¿Cuántos niños y niñas nacían?

Veamos el cuarenta y siete,
Venticinco se hicieron de Dios.
Veintiocho, al año siguiente.
En el cuarenta y nueve, veintidós

Diez años más tarde solo dieciséis
Cuatro en el setenta y cuatro
Hoy estadísticas no echéis,
Que no sale ni el gato.

De los primeros somos algunos.
Qué quiero evocar aquí.
Del ocho era mi amigo Quinín.
Que siempre he recordado
como un amigo feliz,
que Dios hoy tiene a su lado
y nos espera ya allí.

Con tanto nacimiento,
Normal que hubiera,
Cuatro escuelas plagadas
De niños y niñas hasta la bandera.

Los muy pequeños aprendían
En el Catón la letra
Que en el juego pelota seguían
Las enseñanzas de Doña Perpetua.

Yo la recuerdo como niño primero
En el aula cuadrada y fría
Señalar con el puntero
Cubierta con su toquilla.

Siguiendo con personajes
¿Quién no piensa en Don Silvestre?
Por aquellos años nuestro pastor.
¿Quién no recuerda con suerte
frases que nos dejó?
“Si a descasarse tocarán”, sostiene,
“De ciento, noventa y nueve”.
Qué sabiduría la suya
Después de tanta confesión.

Para alcanzar la retreta,
¿No recordáis, con señaladas gafas,
Solicitando con respeto la peseta
A Tío Teclas yendo por las casas?

¡Cuántos se la negaron
Quedaron en escaso sustento!
Cuando viejos fueron
Pasado no mucho tiempo.

Entrado el verano,
Aparecía la mies madura.
Todos con la hoz en mano
Cortaban la paja dura.

Pronto con esmero
Cargar el carro en altura
Llegando a la era luego
Para elevar su escultura.

¿Dónde están los trilliques?
Qué con menos de diez años
Empezaron con los amos
¿Qué contratos les avalaban
aquellas jornadas eternas?
Que empezaban con las vacas
Allí donde las dejaban sueltas.
¡Dale agua en la ribera!

Las hacinas se extienden
En el terreno de la era
Las vacas uñidas vienen
Por el camino de la dehesa

Se inician miles de vueltas
Del trillo y los animales
El trillique con pica a cuestas
Va desgranando cantares.

Pensando en hacer la siesta
¡Qué sueños te entraban!
Y en un momento ¡Qué brusco despierte!
¡La pareja iba a la parva de enfrente!

¡Muchacho espabila y alarga la pala!
¡Que la voluntaria levanta el rabo!
Que no deje sucia la paja,
Y un poco oscuro el grano.

Gracias al ama de casa
Que reforzaba tu empeño
Con vino batido en huevo.
Así nos fuimos curtiendo
Para lo que nos vino luego.

¡Que feliz aventura
para los pequeños era
dormir a la luz de la luna
en la noche de estío fresca

El verano de la era
Junto al muelo
¡Cómo picaban los violeros
bajo el trillo vuelto¡

¿Algunos ya mayores no recordáis
Aquella rubia vieja
De Fidel Carabina
Que para arrancar sin queja
Utilizaba como gasolina
De tío Bachan la pareja?.

Luego se modernizó
Y hasta la baca iba cargando
Cuando el viajero aumentó
Para no ir a Ciudad andando.



Otra profesión había,
De la que nadie era lego
Cada uno astucia sentía
Al dedicarse al estraperlo.

¿Donde están aquellos guardias?
¿Dónde los guardiñas?
Qué nos aligeraban las cargas
Cuando llegabas por la viñas.

¡Viva la democracia, madre!
Que en abril a Portugal vino
Y a España algo más tarde
Librándonos de aquel destino.

¿Dónde está la cadena
de la caseta del caminero?
¿Dónde está que no pena
visitar al otro pueblo?
¿Para que la querríamos ahora
si ya somos europeos?

¿Quién no recuerda la mina
por allende el Colmenero?
¿Quién no sintió una espina
moviendo el cascote seco?

¡Qué duro era todo!
Si quería un carro leña buena,
Allí estaba Manolo,
Que camino de la Moheda
Con el hacha al hombro
La dejaba cargadera

¿Y la escasez de escobas?
Ahora tan abundantes,
los fuegos de los hornos
Las consumían voraces.

No era para menos
Si recordamos la industria
De los horneros.
Tía Fonsa y tía Juana,
Tía Juaquina y Tía Florencia.
Cocían en sus hornos
Para toda la concurrencia
Luego llegaron las tahonas
De Tía Adelaida, Carmen y tía Juliana
Que hacían las hornadas
Con mayor filigrana.
Hoy Siso con sus hogazas
Tiene una historia larga.

Sigamos con el alimento.
¿Cuánto huertos no había
que proporcionaban sustento
para toda la familia?.

Las norias de cangilones vueltos
Que agua fresca ascendían
Movidas por pollinos ciegos.
Son esculturas hoy día

¿Cuántos nogales no había?
Que con la calle lindaban
Como los chiquillos piedras cogían
Y a las altas ramas lanzaban.

Huyendo de inmediato,
El panorama atisbaban
Para volver a las nueces al rato
Que en los bolsillos guardaban.

Qué montón de piedras tiraderas
Recogió el buen Narciso
En el nogal de la escuela
Con la ayuda de sus hijos.

Anda que tía Rosinda
no salía airada al portón
para vigilar los nogales que tenía
camino del frontón.

Si de tirar piedras se trata.
Alguno recuerda bien.
Cómo la chaqueta se ata,
Para hacer un almacén

Cogiendo una por una luego
De manera harto certera
Las piedras que están dentro
Buscando la pitera.

Así se conquistaba con gana:
La lancha de la escuela, sí
Los barrios de Santana,
O la misma calle Maravedí.

¿Cómo sonaban las campanas
Con muchísimos bríos
En aquellas altas ventanas
Cuando éramos críos?

Recordando alguna historia
De vacas interesantes
Me viene a la memoria
una muy cabreante.

¡Señora mire usted bien!
Alertó Juanito Zato.
Qué esa vaca es del Sr. Daniel
Y a las mujeres da maltrato.

No hubo terminado el ademán
Y la zapatones puñetera
Volteó a Tiana de tío Román
Haciéndole una pitear.

Es posible que haya olvidado
Muchas cosas de aquel tiempo
Pero hay algo que no olvido
Porque lo llevo dentro
Es que ya no hay pobres
Como aquellos
A los que les faltaba de todo por serlo

Hoy tenemos derechos
Aunque nos cueste tenerlos
Y la pobreza no llega con el mismo sentimiento
para eso hemos pagado el tributo de estar lejos
de nuestro pueblo.

¡Gracias Santana que hoy nos das recogimiento!.
Nuestra vida es el futuro
Que es recuerdo de lo nuestro
Seamos vecinos correctos.

Muchas cosas he dejado
Para evitar aburrimiento.
Pero están a vuestro lado
Paisanos con mucho tiempo
Tío Angel, y Tío Cecilio,
Tía Santiaga y Tía Juliana
Que tienen tantos años
que casi llegan a ciento
pedirle sigan con el cuento.

Dejémonos de mandangas
Olvidémoslos de la siesta
Entremos en la charanga
Tengamos la peña abierta

Unámonos a Santana
Qué es la reina de la fiesta
Corramos toros mañana
Y por la noche: ¡Juerga!





¡Viva Santana!
¡Vivan los mayordomos!
¡Viva el ayuntamiento!
¡Viva Alberguería¡
¡Vivamos todos nosotros!

La Alberguería de Argañán, a 23 de julio de 2004.
PREGÓN 2003

PREGÓN DE SANTA ANA 2003

Por Santiago Martín Mateos


Buenas tardes y bienvenidos, Señor Alcalde, Autoridades y "ALBERGALLOS", todos. Hombres y mujeres, jóvenes y niños. Propios y foráneos, bienvenidos todos a la fiesta mayor de ALERGUERÍA DE ARGAÑAN, que desde hoy nos agrupa en uno de los mejores y más antiguos municipios de la comarca de Argañan, el de mas solera y abolengo en el Oeste de Salamanca.

La Alberguería de Argañan está inmersa en los viejos caminos de la piel de toro Ibérica; en el borde de las rutas de penetración fenicia y céltica. Esta es tierra de Wectones, cosida en la linde lusitana, por la ribera del Coa y la Sierra de la Estrella con el Sabugal que fue "tierra de Ciudad Rodrigo".

Estas cañadas fueron anchas vías de Cartago y de Roma, mas tarde inviolables caminos de trashumancia que van entre cercados de piedra cruzando el monte.

Nuestro pueblo, que es el vuestro, el de todos que se acercan a estas tierras, tiene mucha historia, escrita y sin escribir. Buena muestra son los vestigios de los poblados primitivos de Val de la Mancha, de los Pedernales, Val de Redondo, Los Cotorritos y algunos mas en las Remalladas y.. luego en el centro, el Señorío, en torno al cual vivían aquellos.

Nuestro pueblo siempre tuvo fortaleza, símbolo de poder y grandeza. Con el transcurso de los años, de los siglos, fue cambiando y desde 1400 (Siglo XV)ya tenemos datos escritos y certeros de lo que era el Señorío de Alberguería (tierra de acogida) y eso queremos que siga siendo, sobre todo en estas fechas y más que nunca ahora que los hombres y mujeres gracias a los medios de comunicación, la cultura y el conocimiento, vamos por otras tierras y traemos personas para que nos acompañen y disfruten de la buena acogida de los Albergallos;

Que nos se sientan forasteros, que participen de nuestra alegría, que vivan con nosotros y que se lleven allá donde quiera que vayan el recuerdo de un pueblo que hace honor a su nombre: ALBERGUERÍA. Así haremos que el pueblo, (nuestro pueblo) sea más grande: ¡(Bienvenidos a todos, estáis en vuestra casa!.

Muchos no sabíamos que nuestro gentilicio es ALBERGALLOS, tampoco que nuestra gente, que ahora puebla nuestra tierra, tiene nada que ver con los últimos señores conocidos, "Los Pacheco".

Aquí somos, como algunos han señalado, producto de una encrucijada de caminos que siempre ha sido Alberguería.

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A nuestro pueblo han llegado Castellanos, gallegos, de ahí todos los Martín y López que a su vez procedían de Francia. Pero antes, mucho antes, están los Iberos. Tenemos influencias musulmanas y por eso nuestro espíritu aventurero, recordemos varios de nuestros antepasados recientes que se fueron a descubrir el nuevo mundo, "Las Américas".

A nuestro pueblo, en cambio, llegaron los alemanes y buen recuerdo lo tenemos en D. Oscar que en los albores del SIGLO XX eligió nuestro pueblo para desarrollar sus conocimientos y dar a una zona perdida en el mapa el mayor invento hasta entonces conocido y que luego fue motor de desarrollo del mundo y en todo el siglo XX: La energía Eléctrica.

Recuerdo que me decían los de la época 1908-1910 que cuando llegó D. Oscar se fijó en la Ribera del Risco (porque no del Muro que se hizo después). Los más pequeños al oír hablar de lo que allí se iba a hacer y como las palabras eran desconocidas para cualquiera del vulgo, se oía entre los chiquillos "Que viene la LITRECA" y otros que lo habían escuchado de distinta forma decían (no! "viene la TRIANGA". Lo cierto es que nuestro pueblo fue pionero en tener electricidad, solo Ciudad Rodrigo, que estaba a un día de camino, tenía electricidad, y algunos, no todos. Ahora tiene TV.

Nuestro pueblo, Alberguería, ha sido siempre ganadero y agricultor, buena muestra de ello son la cantidad de molinos de piedra, movidos por las corrientes de agua de las Riberas del Risco, Los Basiles o Moheda. Unos muy antiguos, otros que aún siéndolo convivieron con el desarrollo, como el de Isidoro que aguantó él desbanque de la electricidad, hasta que ya no llovía tanto y los costales eran demasiado pesados para su frágil estatura.

Alberguería tiene historia y con ella sus mujeres y hombres que día tras día, noche a noche han sabido sortear los avatares de la vida.

Muchos recordarán aquella época en la que por nuestro pueblo pasaban, camino de Portugal, piedras de molino. Las yuntas iban por ellas a Espeja, que tenía tren y luego, con los carros, camino de la RAYA y de allí a Portugal.

Nuestro pueblo fue importante y así tenemos que desearlo e intentar que continué.

Como Aduana que fue, ya en 1600, en Alberguería siempre hubo funcionarios de hacienda, por tanto buenas casas, luego como tal llegaron los carabineros para el Resguardo Fiscal y aquí se establecieron y algunos se quedaron para siempre y sus hijos continúan amando el

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pueblo aunque ahora hayan salido a otras partes de España hoy vienen a visitarlo.

Buena muestra de la importanciade Alberguería la da el que el día 22 de febrero de 1909 fue creado un embrión de BANCO, el llamado SINDICATO AGRÍCOLA, cuando la población rondaba los MIL habitantes y cuyo Presidente fue D. JUAN ANTONIO SANTOS y firmaban el acta de fundación Florencio Carreño, Juan Ruperto Cantero, José Acosta, Guillermo Pascual, Francisco Mateo, Mariano Alvarez, Demetrio Mateos, Narciso Díaz y Francisco González.

Como decía Alberguería siempre ha sido lugar importante y por los años 30 se hizo la carretera con añoranza de revitalizar la Aduana.

Con la aparición de los vehículos a motor, un tío mío pensó en poner una línea desde aquí a Ciudad Rodrigo y sin apenas saber conducir y teniendo menos conocimientos de mecánica se compró un coche y se vino para acá por el camino que había y no llegó a Martihernando. Allí terminó su Odisea y se rompieron las esperanzas de tener un vehículo a motor desde Alberguería a Ciudad Rodrigo. Mas tarde lo pondría Fidel Carabinas.

Los años siguen, se hace la carretera, el pueblo aumenta de población, son años de esperanza y estraperlo. Por Alberguería pasaron mucha comida y utensilios para aquella España maltrecha por la Guerra y luego por el Ciclón del 40.

Pensemos en nuestras fiestas en honor a Santa Ana, Patrona por excelencia de muchas ciudades castellanas.

Recuerdo aquellas fiestas donde todo el pueblo participaba en los actos religiosos y lúdicos.

A primeros de año las jovencitas y los muchachos estaban temblando. )Me nombrarán Madrina, seré Padrino?. Se preguntaban. Eran 12, seis de cada y aquello suponía, dependiendo de las economías, tener un vestido de madrina, mantilla y peineta incluida, para la Procesión y la Misa. Los jovencitos un traje y la mejor camisa. Por la tarde, para el Ofertorio había que tener otro traje o vestido mas desenfadado y con el cual irías al baile. Los mejores zapatos.

Los actos oficiales comenzaban el día de la Ascensión donde todos, padrinos y madrinas nombrados visitaban a cada uno de los compañeros y así de casa en casa sintiendo desde ese momento la hermandad de la Fiesta Grande del día de Santa Ana, se procuraban los trajes parecidos, para conjuntar la pareja. Con los bizcochones era otra tragedia, a ver donde se hacían, nadie quería ir a comprarlos, Fuenteguinaldo era el

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sitio más cercano, pero no sabían igual.

Que si se hacen en el horno de tal o de cual. Todos tenian sus preferencias para que supieran mejor y crecieran más.

Luego venían las corridas, que no podemos llamarlas de toros aunque alguna vez vi alguno de la dehesa, el Guadañas y el Salino, que más que bravos eran muy grandes y asustados con tanto barullo.

Quiero recordar los años en que vinieron varias tómbolas y aquellos cayados de caramelo. Entonces nuestro pueblo era muy conocido por los alrededores y más allá. Las fiestas comenzaban la víspera de Santiago, (Patrón de España) ahora... devaluado, continuaban con Santa Ana Grande, Misa Mayor, Procesión, convite y Ofertorio. Luego Santa Ana Chica con encierro y corrida y al siguiente día, otra corrida mas aunque fuera en un corral de los muchos y grandes que hay o en alguna "cortina" para que con los carros no se estropearan las vacas, porque siempre se escapaba alguna que juraba por debajo de algún carro o no llegaba a la Calle Grande.

Recuerdo los años, unos de prohibición y otros no en que se celebraban las corridas en cualquier lugar. Muchos, casi siempre, en la Plaza, al lado de la antigua puerta de la Iglesia y en torno al Álamo. No hacía falta arena, la Plaza era de tierra y el Álamo hueco y gordo, para con sus dos peldaños, hacer de burladero, sortear a las vacas o toros (Que años aquellos! Donde las ramas parecían llenas de una manada de pájaros con sombrero.

Los carros se venían abajo abarrotados de gente, muchos foráneos, de Portugal, gran parte.

También la plazuela del Potro dio sus tardes y allí comenzamos a ver al torero de nuestro pueblo, a Andrés Duque.

En esas segundas o terceras corridas de la Fiesta de Santa Ana se hicieron en el corral de "Tío Gordo" hoy casa de Amadeo, allí, a la sombra del cerezo, que a su vez hacía de burladero y las higueras que había dentro del recinto.

Nuestras fiestas han sido y son grandes, todo Portugal venía a nuestro pueblo, gente de Casillas, Alamedilla y Fuenteginaldo hacían los encierros.

Ahora que estamos recordando es bueno tener un recuerdo y un aplauso para: y perdón por lo de Tía o Tío, (propio de nuestro pueblo) y digo de "Manuela Alfonso, tía Sarralleira" que acogía a muchos forasteros o antes a "María Cruz Díaz"con su posada en la plaza, de la cual soy biznieto. A Isidro Alfonso, carpintero y

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artista de pro.

Tampoco hay que olvidarse de "tío Fermín " el de la Moheda o de Culón el de Guinaldo que fueron piezas clave de nuestros festejos. Como tampoco podemos olvidarnos, si bien es mas reciente el recuerdo, de Luciano Nava que siempre tenía el salón lleno y que siempre se esforzó por unir todos los pueblos, también Portugal y España.

Después de estas añoranzas pido a todos los paisanos y paisanas que iniciemos nuestras fiestas que con el nuevo milenio le demos nuevos aires y que no nos olvidemos de lo añejo y volvamos a darle a Alberguería el prestigio que ahora recordamos y seguro que tenemos.

Tampoco nos olvidemos del pueblo, de sus calles y sus casas, por ellas también pasa el tiempo, que estén acordes a los tiempos. Mas nuevas, que cada día estén mas llenas de alegría, luz y amor.

Que Santa Ana nos ayude, nos dé salud para ver muchos inicios de Fiesta como este, por eso...

Decid todos conmigo:

VIVAN LOS MAYORDOMOS

VIVAN LOS PADRINOS Y LAS MADRINAS

VIVA SANTA ANA


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LA CALLE GRANDE CON LA IGLESIA AL FONDO
NOTA NECROLÓGICA 12ª 2008
Ha fallecido,en Alberguería de Argañan,el día 5 de julio, a los 84 años de edad, MANUEL RIVERO PASCUAL.
Desde estas páginas damos el mas sentido pésame a su esposa CARMEN y a su hija CARMEN ¡DESCANSE EN PAZ!
NOTA NECROLÓGICA 11ª 2008
Ha fallecido, en San Sebasian, el día de su cumpleaños, JOSE ANGEL MATEOS BLANCO, a los 47 años de edad,en accidente de tráfico.
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NOTA NECROLÓGICA 10ª 2008
Ha fallecido, en CIUDAD RODRIGO,el día 16 junio, la paisana TERESA ALFONSO ALFONSO a los 75 años de edad.
Desde estas páginas damos el mas sentido pésame a su Esposo JOSE y a sus hijas Mª JESUS y LAURA. ¡DESCANSE EN PAZ!
NOTA NECROLÓGICA 9ª 2008
El día 7 de junio ha fallecido en GALLEGOS DE ARGAÑAN, ANGEL MARTIN DÍAZ, a los 97 años de edad.
Desde estas páginas damos el mas sentido pésame a sus hijos, CARMEN, ANGEL y GABRIEL. ¡DESCANSE EN PAZ!
NOTA NECROLÓGICA 8ª 2008
Ha fallecido, en el día de hoy 15 mayo de 2008, SABINO CODESAL DEL BUEY, A LOS 69 años de edad.Desde estas páginas, damos el mas sentido pésame a su esposa ANGELS, a sus hijos JOSE ANGEL, JULIO, CARLOS ENRIQUE Y ROBERTO y demás familia. ¡DESCANSE EN PAZ!
La inhumación será mañana a las 18 horas
NOTA NECROLÓGICA 7ª 2008
Ha fallecido, en el día de hoy, 7 mayo 2008, en Valencia, ANASTASIA MARTÍN MATEOS, a los 79 años de edad,inhumada en Alberguería de Argañan.
Desde estas páginas damos el mas sentido pésame a su hija PILAR y demás familia.
¡DESCANSE EN PAZ!
NOTA NECROLÓGICA 6ª 2008
Ha fallecido hoy,23 abril 2008,en MADRID, el paisano ALFREDO MARTIN ESTEVEZ a los 63 años de edad.
Desde estas páginas damos el mas sentido PESAME a su esposa AUREA, a sus hijos DAVID, JAVIER, MIGUEL ANGEL y SONIA. Dios lo tenga en su Gloria DESCANSE EN PAZ!
NOTA NECROLOGICA 5ª 2008
Ha fallecido en RENTERIA (Guipuzcoa),el 15 abril, el paisano JUAN PASCUAL FERNANDEZ, a los 69 años de edad.
Desde estas páginas damos el mas sentido pésame a su esposa Mª DE LOS ANGELES y a su hija Mª TERESA.
¡DESCANSE EN PAZ!
NOTA NECROLÓGICA 4ª 2008
El día 2 de abril de 2008 ha fallecido en Portugalete (Vizcaya), el paisano, TOMAS GONZALEZ DÍAZ a los 70 años de edad.
Desde estas páginas damos el mas sentido pésame a su esposa CASILDA,a sus hijos,INOCENCIA, JOSE JOAQUÍN y TOMASA, y demás familiares. ¡DESCANSE EN PAZ!
NOTA NECROLÓGICA 3ª 2008
El día 18 de marzo de 2008, ha fallecido, en Madrid, la paisana PAQUITA MONTERO MONTERO. a los 61 años de edad.
Desde estas páginas damos el mas sentido pésame a su esposo ANTONIO, a sus hijos OSCAR y VICTOR así como a sus hermanos MANUEL, DORITA y LUCIA. ¡DESCANSE EN PAZ!
NOTA NECROLÓGICA 2ª 2008
El día 11 de febrero ha fallecido JULIANA LANCHAS GONZALEZ a tres dias de cumplir 99 años de edad. ¡DESCANSE EN PAZ!.
Desde estas páginas damos el mas sentido pésame a sus familiares y sobrinos
NOTA NECROLÓGICA 1ª 2008
Ha fallecido el día 7 de febrero de 2008 SANTIAGA LANCHAS GONZALEZ a los 97 años de edad.
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